Niños de alta demanda. Cómo saber si tu hijo lo es y qué puedes hacer para conseguir el equilibrio.

Cuando el Dr. William Sears, pediatra y padre de 3 hijos tuvo a su cuarta hija, Hayden, se topó con una crianza que rompía todos sus esquemas y nada de lo que había funcionado con sus otros hijos lo hacía para su hija más pequeña. Su comportamiento era totalmente diferente y resistente a los métodos que había puesto en práctica con los demás. ¿Y qué hizo el Dr. Sears ante este hecho? pues sencillamente aceptar a su hija tal y como era en lugar de intentar cambiarla y que «entrara» en el molde educativo que hasta ahora le había funcionado. Sin embargo, el entorno no era tan comprensivo. No entendían este comportamiento y se empeñaban en poner etiquetas nada favorecedoras a las conductas de Hayden por lo que optó por utilizar un término nuevo: bebé de Alta Demanda o de Alta Necesidad (En inglés High need baby). No te soprenderás si te digo que también a él le debemos el término de Crianza con Apego o attachment parenting que consiste en criar a tus hijos basándote en atender a las necesidades individuales de cada uno.

¿Cómo es psicológicamente un niño de alta demanda? Manifestaciones de su comportamiento.

Volviendo al tema de la alta demanda, y teniendo en cuenta que cada niño es un mundo y tiene sus propias características, los niños de Alta Demanda manifiestan características comunes que los padres pueden reconocer fácilmente:

  1. Pueden ser absorbentes y demandantes de atención continua. Necesitan ser atendidos constantemente y lo piden de forma insistente y perseverante.
  2. Baja autonomía. Necesitan al adulto para entretenerse. No saben jugar solos y piden la presencia del progenitor para sus juegos.
  3. Reclaman aprobación y contacto físico constante (con mayor frecuencia de la madre). Son muy cariñosos y afectuosos y reclaman ese contacto de forma insistente. Son muy dependientes del adulto y necesitan su aprobación constante y atención para casi cada cosa, lo que puede llegar a ser mentalmente agotador.
  4. Se muestran muy sensibles a la separación. Cuando los padres se alejan o quedan al cargo de otra persona, pueden aparecer sentimientos de miedo o inseguridad, pues sus padres son los que satisfacen sus necesidades tal y como ellos las necesitan.
  5. Manifiestan conductas de hiperactividad. Su mente y energía está siempre lista y activa, como un motor en marcha. No sólo eso, sino que puede ser difícil mantenerles en una misma actividad un tiempo razonable y, aunque buscan el contacto físico, también les gusta sentirse «libres».
  6. Lo realizan todo con mucha intensidad, exhibiendo una energía arrolladora y una vitalidad que agota a cualquiera, no sólo a sus padres. Puede parecer que no se cansan y que tienen pila para rato.
  7. Pueden parecer difíciles de satisfacer. En cuanto tienen una necesidad satisfecha, pronto aparece otra por resolver.
  8. Resultan impredecibles. Hacen cosas que los padres no esperamos que hagan, igual que cualquier otro niño, pero no olvidemos que lo van a acompañar con gran intensidad y altas dosis de exigencia de la atención de sus padres.
  9. Son niños con una alta hipersensibilidad. Los niños de alta demanda manifiestan una alta sensibilidad a los cambios del entorno porque perciben todo lo que pasa a su alrededor. Recordemos que la intensidad acompaña a sus comportamientos pero también a sus emociones, por lo que van a expresarlas y a vivirlas exponencialmente y de forma especial se van a disgustar mucho si los reñimos.
  10. Tienen dificultad para autorregularse y calmarse solos. Pueden manifestar rigidez y tozudez, aspectos que los hacen más vulnerables a tener muchas rabietas con facilidad.
  11. Se alimentan con mucha frecuencia. En el caso de los bebés, pueden mamar continuamente.
  12. En cuanto al sueño, pueden tener muchas dificultades para dormirse o despertares frecuentes. Si miramos hacia atrás en su historia evolutiva seguramente recordaremos que no eran muy amigos de la siesta y si la hacían era muy corta.

¿Qué necesitan los niños de alta demanda?

Los niños de alta demanda son niños normales, simplemente son niños que perciben y viven el entorno con mucha sensibilidad e intensidad. Nos necesitan más y nos lo hacen saber. Necesitan por eso mucha presencia de los padres y que les acompañemos para transitar las emociones, especialmente cuando son negativas.

Su alta sensibilidad los hace muy vulnerables porque tienen una baja tolerancia a la frustración y por eso necesitan un modelo de calma y de saber hacer. Ojo, como bien hizo el Dr. Sears, no se trata de cambiarlos para que entren en el molde que les teníamos preparado, sino de suavizar su carácter y ayudarles a canalizar sus respuestas al entorno, de forma más constructiva.

Por un lado necesitan cubrir sus necesidades afectivas y de atención y que recordemos que cuando nos reclaman es porque verdaderamente lo necesitan. Por otro lado, necesitan sentirse aceptados sin ser comparados. Hay que tener especial cuidado con el lenguaje que utilizamos, especialmente cuando estamos desbordados, para no fracturar su autoestima y su autoconcepto. Recordemos que no es personal, no nos reclaman continuamente para molestarnos, sino porque  necesitan nuestra presencia. Es importante evitar palabras del tipo «no puedo más», «eres imposible», «qué pesado eres», «ya deberías hacerlo solito», «¿por qué no puedes ser como tu hermano?», etc. y, acompañarlos en adquisición de la autonomía y en la canalización de sus emociones y conflictos.

¿Cómo tratar a tu hijo de alta demanda?

Te voy a dejar unos tips que pueden serte útiles para mejorar el clima, la convivencia y aliviar la tensión emocional si crees que tu  hijo es un niño de alta demanda.

  • No intentes cambiar su temperamento. El temperamento, es biológico y no cambia pero sí puedes moldear su carácter. Lo único que conseguirás es agotarte en el intento. Concéntrate en el vínculo y en lograr una buena relación afectiva. ¿Cómo? con presencia.
  • Valida sus emociones en lugar de intentar suprimirlas en el momento en que surgen de forma intensa y evita el lenguaje peyorativo o negativo como respuesta a sus actos. Acepta lo que siente y valídalo, poniéndole nombre a esa emoción para que pueda reconocerla y que más adelante pueda hablar de lo que le está pasando. Deja que se exprese. Evita comentarios del tipo «no es para tanto, no te pongas así, ¿por esto lloras?» y cámbialas por «estás muy enfadado porque …. » «yo también me sentiría disgustada si me pasara algo así…»
  • Acompáñale en su intensidad emocional con tu presencia y contacto físico, y deja las palabras a un lado. Mantente a su lado. Abrázale, y deja los «sermones» y razonamientos para otro momento. Cuando estamos embargados por una fuerte emoción hay que transitarla y disminuirla primero para poder razonar. Es importante dejar que se expresen pero también lo es dejar que no lo hagan si no pueden en ese momento. Respeta sus tiempos, tú eres la parte adulta y su modelo de tolerancia.
  • Ayúdale a canalizar esa emoción y comprobar que aunque es muy intensa, va a bajar y disminuir. Refuerza sus comportamientos positivos. Estamos demasiado acostumbrados a poner la atención en aquello que no hacen bien para reconducirlo. En su lugar, hazle notar aquellos momentos en los que se encuentra en calma.
  • Una manera de ayudarles a canalizar su energía es mediante deportes de baja intensidad como el yoga, la relajación… pero sobre todo siendo un modelo de respuesta desde la calma, especialmente en el momento de las rabietas. Te puedo garantizar que ellos lo están pasando verdaderamente mal en esos momentos.
  • Evita compararlo con otros niños, hermanos o familiares. Cada niño es único y esta comparación va a contribuir a afectar de alguna manera su autoconcepto y su autoestima.
  • Ofrece presencia de calidad, sin pantallas pero con coherencia. Atiende sus demandas y dedícales tiempo, pero sin complacerlo en todas aquellas demandas que no sean coherentes. Es importante ser  constantes y coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos pero sin ceder cuando la situación lo requiere. Por ejemplo, puede manifestar la necesidad de seguir viendo los dibujos cuando lleva mucho rato. Éste es un ejemplo de no ceder y satisfacer sus demandas automáticamente si en tu forma de educar, las pantallas son algo que limitas y supervisas.

Pero … ¿y si la situación con mi hijo de alta demanda es desbordante?

Hay muchos motivos por los que puedes sentir que la situación te desborda y en los que te aconsejo que busques ayuda profesional:

  • Si es agotadora y supone un impacto negativo que hace peligrar tu relación de pareja.
  • Si la ruptura del equilibrio familiar es constante y desestabiliza la relación familiar.
  • Si crees que puede haber en tu hijo de alta demanda otros factores como por ejemplo un posible trastorno por déficit de atención y/o hiperactividad (TDAH), algún trastorno o retraso del neurodesarrollotrastornos del aprendizaje (dislexia, discalculia), altas capacidades, cambios en su rendimiento escolar o ves síntomas relacionados con la ansiedad o cambios del estado del ánimo.

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¡Hasta pronto!

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